KM 770 Chiclayo, Perú.

Luego de unas 12 horas viajando de noche, llegué a Chiclayo. Esta ciudad se encuentra en el norte del Perú y es conocida por su clima cálido, buena comida y porque de ahí son mis abuelos. Sin embargo, yo tenía un par de razones más importante para visitarla en mi camino.

La primera tenía que ver con una señora que se llama Martina (pero le decimos Marta, mama o gorda). Ella ha trabajado en la casa de mis abuelos por más de 50 años. Ella ayudó a criar a mi papá, mis tíos, primos y a mí. Ella es una cosita chiquita mide 1.50m aproximadamente, gordita con nariz chata y le es imposible pronunciar las letras BR juntas (Dice Grabiela en vez de Gabriela). Marta es una de las mejores personas  que he conocido, siempre preocupándose por todos en la familia. Para mí (y creo que para todos en la familia) ella es tan parte de nuestra familia como cualquiera.

Durante todo mi tiempo con mis abuelos, que debe haber sido la mayor parte de mi vida, siempre escuchaba historias sobre el pueblito donde creció Marta. Este pueblo se llama Mochumi, pero específicamente era de un caserío que se llama Punto 4(porque es el KM 4 de una carretera). Este sitio está muy cerca de Chiclayo y un par de veces tratamos de buscar la casa de la familia de Marta. Una vez fue cuando tenía unos 13 años en un viaje familiar con mis padres y la otra, ya de unos 25 años, en un viaje con mi abuelo. En ambas ocasiones no pudimos encontrar la casa.

Esta vez, yo estaba determinado a encontrarlo. Quería lograr lo que no pude con mi abuelo o mi papá. Quería ponerle una cara al sitio del que había oído tanto.  Sobre todo porque sabía que probablemente sería mi última oportunidad de hacerlo.

Ahora, el problema es que Marta no es muy buena dando direcciones. Después de que me diera las direcciones para llegar, me di cuenta que en una parte me había dicho que voltee cuatro veces a la derecha… lo cual me llevaría al mismo sitio donde empecé. Así que tuve que hablar con sus sobrinas que conocen la zona y como llegar.

De Chiclayo tuve que tomar una combi (van), y pagar doble pasaje por mi mochila, hasta un sitio cerca a punto 4. Luego buscar una mototaxi que me llevara a la huaca de Fidel (él es el cuñado de Marta y su casa esta sobre unas ruinas pre incas). La mototaxi me dejo afuera de una pequeña loma con una casita encima, rodeada por arrozales y árboles de algarrobo. Cerca había una familia afuera de su casa conversando. Debo haber causado cierta impresión en ellos, porque dejaron de hablar y se me quedaron mirando. Marta me advirtió que algo así pasaría. Yo soy grandecito (mido 1.85m) y solo mi mochila es del tamaño de una de las personas de la zona.

A los minutos salió Fidel, ya le habían avisado que venía. Yo lo recordaba de chico, él es electricista y a veces iba a la casa de mis abuelos a arreglar algunas cosas. Ahora lo vi mucho más viejo y cansado de lo que lo recordaba, pero muy contento de verme después de tanto tiempo.

Me mostró el lugar y finalmente pude ver el sitio del que tanto había escuchado en las historias de Marta a lo largo de mi vida. La verdad es que en mi mente lo imaginaba distinto, pero imagino que es como imaginar un lugar que describen en un libro… nunca es como lo imaginas.

La segunda razón y posiblemente la más importante, tenía que ver con mi abuelo. Yo era muy cercano a mis abuelos, eran prácticamente mis segundos padres. Mi abuela había fallecido unos años antes y procuré hacer lo posible por pasar la mayor cantidad de tiempo posible con mi abuelo, pese a que a veces se me hacía muy difícil.

En una de las muchas conversaciones que tuvimos en la mesa de la cocina, el pidió que cuando muriera sus cenizas las esparcieran desde el muelle de Pimentel. El pasó ahí sus veranos de infancia con su familia y posteriormente con su propia familia.  Definitivamente, ese había sido su lugar favorito.

Yo no prometí hacerlo, generalmente tratábamos de evitar el tema de la muerte. Él había estado muy mal por mucho tiempo y se había deteriorado mucho. Pasó de ser una persona que imponía autoridad a un anciano casi sin voluntad propia ya. La verdad es que era una pena verlo así. Aun así, el sobrevivió a todos sus hermanos, primos, amigos, etc. Debe ser muy difícil saber que todos tus amigos y familiares de tu edad ya están muertos, no lo sé.

Una mañana de Diciembre, mi abuelo falleció mientras dormía. Yo estuve ahí, fui el único familiar presente al igual que cuando falleció mi abuela.  Aún no sé porque, pero me impactó más que cuando falleció mi abuela pese a que esto fue algo mucho más esperado. Sin embargo, creo que el hecho de que él se fuera me dio “permiso’’ para que yo también me pudiera ir. Me quito la culpa que hubiera sentido por irme,  por dejarlo así y por no estar en sus últimos momentos.

Antes de salir de Lima, decidí que iba a cumplir con el que era prácticamente su último deseo. Iba a cumplir lo que nunca había prometido. Pensé pedir permiso a mi papá y tíos para hacerlo, pero lo más probable es que les tomaría una eternidad decidir y al final corría el riesgo que dijeran que no. Así que preferí pedir perdón que pedir permiso y pasé un poco de sus cenizas (que estaban en un pequeño cofre en la sala) a un contenedor de vidrio pequeño.

Al llegar a Pimentel(a una media hora de Chiclayo) busqué el largo muelle de madera que tiene. Busqué un sitio que me pareció bonito y tranquilo, busqué una canción en mi teléfono que se llama Los Algarrobos. Está era la canción favorita de mi abuelo y la puse momentos antes de abrir el frasco de vidrio y entregarle sus cenizas al mar.

Esa fue la última cosa que hice por mi abuelo, de ahí en adelante el resto del camino era por mí.